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«Revolución de los Flamingos»: la ciudadanía albanesa frena el megaresort de Kushner y Trump

El Medio
  • junio 10, 2026
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«Revolución de los Flamingos»: la ciudadanía albanesa frena el megaresort de Kushner y Trump

Una alerta ambiental se convirtió en el mayor estallido social que recuerda la costa albanesa —y terminó doblegando al gobierno. Desde que a finales de mayo entraron excavadoras en los terrenos protegidos de la isla de Sazan y la laguna de Vjosa-Narta, la indignación ciudadana no cesó hasta arrancarle al Estado una primera concesión histórica: la suspensión del proyecto inmobiliario liderado por Jared Kushner, tras una advertencia directa de la Unión Europea.

El movimiento, bautizado popularmente como la «Revolución de los Flamingos», logró lo que pocos creían posible: abrir un debate nacional, fracturar el silencio institucional y poner en jaque el billonario complejo turístico impulsado por Jared Kushner —yerno de Donald Trump y presidente de Affinity Partners— e Ivanka Trump, con el respaldo del gobierno del primer ministro Edi Rama.

La imagen de las marchas fue difícil de ignorar. Miles de ciudadanos, activistas y familias enteras desfilaron con flamencos rosados inflables de todos los tamaños. La elección no fue arbitraria: la laguna de Vjosa-Narta es uno de los santuarios ecológicos más relevantes de Europa, parada migratoria esencial para miles de aves —entre ellas, colonias enteras de flamencos— cuyo hábitat habría quedado sepultado bajo el hormigón. «No estamos contra el progreso, estamos contra la destrucción de nuestro patrimonio natural. Si permiten que destruyan Vjosa-Narta para construir villas de lujo, los flamencos no volverán jamás», advirtió una de las portavoces del movimiento durante la marcha del miércoles.

El punto de quiebre llegó cuando las primeras máquinas irrumpieron en la zona costera pese a las advertencias reiteradas de organizaciones ambientales sobre la ilegalidad de construir en áreas de protección. Footage de un activista siendo arrastrado fuera del área de desarrollo se volvió viral, atizando aún más la oposición pública. Lo que comenzó como concentraciones espontáneas escaló hasta una protesta sostenida de más de ocho jornadas consecutivas, con bloqueos pacíficos en los accesos al proyecto.

El proyecto de 1.600 millones de dólares contempla la construcción de hoteles en la isla de Sazan —antigua base militar comunista— y en la zona costera protegida de Vjosa-Narta, hogar del sello mediterráneo, la tortuga boba y decenas de especies de aves en peligro de extinción. Una operación que contó con el aval entusiasta de Rama, quien llegó a declarar que el resort iba a «deslumbrar» a sus detractores y prometió que «no hay ninguna posibilidad de que esta inversión se detenga mientras yo esté aquí».

Sin embargo, la presión combinada de la ciudadanía, más de cuarenta organizaciones ambientales de 28 países y las señales de Bruselas sobre el impacto en el proceso de adhesión de Albania a la UE terminaron quebrando esa postura. La fiscalía anticorrupción albanesa, SPAK, abrió además una investigación sobre los fondos utilizados para adquirir los terrenos y sobre las polémicas modificaciones legislativas de 2024 que alteraron el estatus de protección de la zona.

La suspensión no equivale a una cancelación definitiva. Los activistas han rechazado cualquier propuesta de compromiso e insisten en que las excavadoras deben retirarse y los hábitats dañados restaurarse antes de cualquier negociación. Las protestas continúan y el movimiento se ha extendido más allá de Albania: grupos de la diáspora han organizado manifestaciones ante el Parlamento Europeo en Bruselas y en ciudades como Berlín, Milán, Toronto y Nueva York.

Lo que comenzó con flamencos de goma en las calles de Tirana se ha convertido en un caso de estudio global sobre los límites entre inversión extranjera, soberanía ambiental y rendición de cuentas democrática. Por ahora, el rosa sigue ganando terreno.

Foto: exigencia ciudadana «Hands off Vjosa-Narta». Fuente: Armando Babani / Getty Images.

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