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Eileen Khatchadourian regresa: Yaրumo, una voz que floreció en Bogotá

El Medio
  • junio 19, 2026
  • 5 min de lectura
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Eileen Khatchadourian regresa: Yaրumo, una voz que floreció en Bogotá

La compositora armenio-libanesa vuelve a los escenarios después de siete años con un álbum concebido entre Islandia y Colombia, cantado en una lengua que el mundo está perdiendo.

Por Laura Muñoz López

Hay álbumes que se escriben en estudios. Hay otros que se escriben en la vida. Yarumo, el nuevo trabajo de Eileen Khatchadourian, pertenece a la segunda categoría: nació en el duelo, creció en la maternidad y encontró en Bogotá el suelo donde echar raíces.

El 4 de julio de 2026, el Domo del Planetario de Bogotá será testigo del lanzamiento mundial de un álbum compuesto íntegramente en armenio occidental —una lengua que la UNESCO clasifica como en peligro de extinción—, concebido entre Islandia y Colombia. Durante cinco años Bogotá fue su hogar, el territorio donde Yaրumo tomó forma. Este año se va. Por eso este concierto tiene algo de despedida y de regalo al mismo tiempo: la ciudad que la acogió recibe el estreno mundial antes que ninguna otra.

El regreso

En 2008 lanzó su primer álbum, Midan, una mezcla de canciones tradicionales armenias con rock alternativo que ganó el premio al mejor álbum de rock en los Armenian Music Awards de Los Ángeles en 2009. En 2015 presentó Titernig, canciones originales armenias fusionadas con sonidos electrónicos, y ese mismo año fue reconocida como mejor intérprete femenina de la diáspora armenia en los World Armenian Entertainment Awards de Palm Springs. También participó en el concierto In Memoriam en Estambul, durante la conmemoración del centenario del Genocidio Armenio, y estuvo presente en la ceremonia del Premio Internacional Hrant Dink.

En 2016 se presentó por última vez en el Maxim Gorki Theater de Berlín —con ocho meses de embarazo—. La artista que el periódico Agos, fundado por el periodista y defensor de derechos humanos Hrant Dink, había descrito como «la poderosa voz de la diáspora», eligió entonces desaparecer del escenario. En ese tiempo murieron su madre y su padre, y con ellos una parte del mundo que la había formado: el armenio occidental que su padre tanto amaba, esa lengua sin Estado que apenas hablan doscientas cincuenta mil personas en el mundo, y que ella convirtió en el único idioma de su obra. Cada canción que escribe desde entonces es un acto de resistencia.

Su regreso llegó en abril de 2026 en el mismo teatro berlinés. Presentó las primeras canciones de Yarumo ante un público que la reencontró cambiada: más desnuda, más precisa, más libre. Bogotá es la segunda parada. Y el lanzamiento oficial al mundo.

El álbum

Yaրumo —nombre de un árbol nativo colombiano, emblema de las laderas bogotanas— es una obra construida sobre capas. Los primeros temas nacieron en Islandia; los últimos cinco, en Colombia. El frío del norte y la humedad de los cerros bogotanos conviven en la misma música.

«Yarumo no es solo un álbum; es una música para quienes viven entre lenguas, países y memorias.»

Íntimo y profundamente personal, el álbum recoge el recorrido de los últimos siete años: la memoria, la amistad, la maternidad, la pérdida y la renovación. Su sonido no pertenece a ninguna categoría cómoda —no es world music, no es folk armenio, no es electrónica—. Es todo eso y es otra cosa.

En el escenario del Planetario se sumará el compositor y músico italiano Francesco Fabris —radicado en Reikiavik, cuyas contribuciones incluyen bandas sonoras de Sin novedad en el frente, ganadora del Óscar, y series como Dark y Dune: Prophecy—; el también compositor italiano Sandro Mussida —cuya obra explora el espacio como participante activo en la experiencia musical y ha publicado en sellos como Sony Classical y Room40—; y el joven violonchelista bogotano Juan Salvador López Torres, formado en el Conservatorio de la Universidad Nacional de Colombia. Juntos convierten el concierto en una obra viva, reinterpretada para este espacio y este momento.

«Para la artista, la voz es un instrumento de invocación, una forma de responsabilidad y un testimonio ético frente a la historia colectiva.»

El concierto · 4 de julio · Planetario de Bogotá.

La función está concebida como un ritual performático: la voz en el centro, la electrónica como arquitectura sonora, un diseño de luces y sombras construido específicamente para el domo. No es un recital. Es una obra escénica total.

Antes del concierto: Florecer para Recordar · 2 de julio · MAMBO

Dos días antes, el Museo de Arte Moderno de Bogotá acogerá una conversación que no es preámbulo del concierto sino su contexto más profundo. El conversatorio Florecer para Recordar convoca investigadores y artistas en torno a una pregunta que cruza Armenia y Colombia: ¿qué permite que una comunidad siga existiendo cuando ha sido objeto de violencia sistemática y destrucción de su identidad?

El historiador argentino Juan Pablo Artinian, especialista en genocidios y memoria histórica; la académica e investigadora colombo-sueca Lídoska Julia Peralta Prieto; y Siham Drissi experta en cooperación internacional y desarrollo sostenible, quien moderará el encuentro, acompañarán a Khatchadourian en una conversación que incluirá un interludio musical en vivo: no como número separado, sino como demostración de aquello sobre lo que se habla.

«Lejos de ser una conversación únicamente sobre el pasado, este encuentro invita a reflexionar sobre una pregunta profundamente contemporánea: ¿qué significa para un pueblo seguir existiendo?»

Eileen Khatchadourian no eligió Colombia por azar. Y Colombia va a recibir este álbum el 4 de julio no como un concierto más, sino como lo que es: un estreno mundial que nos pertenece.

Ingresa aquí al canal de YouTube de Eileen Khatchadourian:

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