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Por cada dólar que protege la naturaleza, 30 financian su destrucción, advierte la ONU

El Medio
  • octubre 19, 2026
  • 2 min de lectura
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Por cada dólar que protege la naturaleza, 30 financian su destrucción, advierte la ONU

Redacción Ambiente

El mundo está lejos de frenar la destrucción de la naturaleza. El informe Estado de la financiación para la naturaleza 2026, del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), revela un desequilibrio alarmante: por cada dólar invertido en proteger los ecosistemas, se destinan cerca de 30 dólares a actividades que los degradan.

En 2023, los flujos financieros dañinos para la naturaleza sumaron 7,3 billones de dólares, la mayoría de origen privado y concentrados en la energía y la industria. En contraste, la inversión en soluciones basadas en la naturaleza fue de 220.000 millones de dólares, casi 90% de ella con fondos públicos.

Metas que se alejan

En 2022, los países adoptaron el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, con 23 metas para 2030, entre ellas proteger el 30% de las tierras y los mares y movilizar 200.000 millones de dólares anuales para la biodiversidad. La primera revisión global de avances, elaborada por el Convenio sobre la Diversidad Biológica con base en los informes de 129 países, concluyó que ninguna meta muestra una trayectoria plenamente positiva: con los compromisos actuales, las áreas protegidas llegarían a cerca del 23% en 2030, y la financiación para la biodiversidad sumó 186.000 millones de dólares entre 2020 y 2023.

Lo que está en juego

La pérdida de biodiversidad no es un asunto lejano. Está ligada al cambio climático, la seguridad alimentaria, el acceso al agua y la salud de las comunidades. Cuando se destruyen los ecosistemas, las poblaciones quedan más expuestas a desastres, enfermedades y conflictos por los recursos naturales.

Colombia, ante una responsabilidad mayor

Para un país megadiverso como Colombia, la alerta es un llamado urgente a proteger bosques, páramos, humedales, mares, sabanas y territorios indígenas. La conservación no puede recaer solo en el Estado: requiere financiación sostenible, ciencia, control ciudadano y la participación de las comunidades que habitan y cuidan esos territorios.

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