
Redacción Ambiente
El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) declaró oficialmente el fenómeno de El Niño en Colombia el 8 de octubre de 2026, tras el seguimiento de la temperatura del océano Pacífico y de las variables atmosféricas asociadas. Las proyecciones indican, con una probabilidad del 83%, que el evento mantendrá una intensidad fuerte a muy fuerte al menos hasta marzo de 2027, con efectos que podrían extenderse durante el primer semestre de ese año.
El Niño es el calentamiento anormal de las aguas superficiales del Pacífico tropical. En Colombia suele traducirse en menos lluvias y temperaturas más altas, con efectos que se sienten en los grifos, en los cultivos y en la factura de la luz.
Lo que viene para las regiones
Octubre y noviembre siguen siendo la segunda temporada de lluvias, de modo que no dejará de llover, pero se esperan precipitaciones por debajo de lo normal en las regiones Andina, Caribe y Pacífica. El déficit podría intensificarse a partir de diciembre. Las consecuencias pueden sentirse en varios frentes:
- La disponibilidad de agua para consumo humano, con riesgo de desabastecimiento en municipios que dependen de fuentes pequeñas.
- La agricultura y la ganadería, por el déficit hídrico en cultivos y pastos.
- La generación hidroeléctrica, por la caída en el nivel de los embalses.
- Los incendios forestales, cuyo riesgo aumenta con la temporada seca de inicio de año.
El país conoce bien ese escenario. Durante El Niño de 2023-2024, Bogotá vivió un racionamiento de agua de un año por el bajo nivel del sistema Chingaza, y los incendios consumieron miles de hectáreas en distintas regiones.
Prevenir antes que lamentar
El Gobierno expidió el 22 de septiembre la Directiva Presidencial 03 para preparar la respuesta. Los alcaldes y gobernadores deben convocar sus consejos de gestión del riesgo, actualizar los planes de contingencia y asegurar fuentes alternas de agua. Los sectores de energía, ambiente, agricultura, vivienda, salud, transporte y servicios públicos tienen plazo hasta el 30 de noviembre para activar sus planes de emergencia.
A la ciudadanía se le pide usar con eficiencia el agua y la energía, evitar quemas y reportar los incendios. La experiencia reciente deja una lección clara: lo que no se prepare en estos meses se pagará en la temporada seca.




