
Por: Laura Muñoz López – El Medio Comunica
En el marco de la 78ª Conferencia del Instituto de Pesca del Golfo y el Caribe (GCFI78), realizada en Cartagena del 27 al 31 de octubre, El Medio Comunica entrevistó a la ecóloga francesa Géraldine Conruyt. Desde Guadalupe, Conruyt lidera la coordinación del Centro de Actividad Regional del Protocolo SPAW, una red que promueve la conservación de los ecosistemas marinos y costeros del Gran Caribe. Con una visión integradora, científica y humana, impulsa la cooperación entre pueblos, gobiernos y comunidades locales para proteger la biodiversidad y la vida que emana del mar.
Una vida dedicada al Caribe
Instalada en la isla de Guadalupe desde hace más de una década, Géraldine Conruyt ha dedicado su carrera a la protección de los ecosistemas marinos y costeros del Caribe. Ecóloga de formación por el Museum National d’Histoire Naturelle de Francia, ha trabajado en programas de conservación tanto nacionales como internacionales, y actualmente se desempeña como directora adjunta del Centro de Actividad Regional del Protocolo SPAW (Specially Protected Areas and Wildlife), bajo el marco del Convenio de Cartagena.
“Siempre he creído que la conservación solo es posible si trabajamos juntos, con respeto por la diversidad cultural, lingüística y social que caracteriza al Caribe. La cooperación entre los pueblos no es solo un medio, es la esencia de la protección ambiental.”
El Convenio de Cartagena y el Protocolo SPAW: un compromiso regional con la vida
¿Podría explicarnos brevemente qué es el Convenio de Cartagena y cómo se inscribe en el Protocolo SPAW?
El Convenio de Cartagena es el único acuerdo regional jurídicamente vinculante dedicado a la protección del medio ambiente marino y costero del Gran Caribe. Reúne a 28 países que comparten un mismo mar, un mismo patrimonio y, por tanto, una misma responsabilidad. En su seno se adoptaron tres protocolos complementarios: el de vertidos de hidrocarburos, el de fuentes terrestres de contaminación y el Protocolo SPAW, que protege áreas y especies de flora y fauna silvestres de especial valor ecológico o cultural.
“El SPAW es el corazón biológico del Convenio. Es el instrumento que traduce en acciones concretas la voluntad de los Estados de conservar la vida marina y costera, de mantener vivos los vínculos que unen a los pueblos del Caribe a través del mar.”
¿Cuál es el papel del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA)?
El PNUMA-CAR/UCR, con sede en Kingston, Jamaica, es la Secretaría del Convenio. Coordina los esfuerzos regionales y cuenta con el apoyo de varios Centros de Actividad Regional (CAR). En el caso del SPAW, el centro se encuentra en Guadalupe y está respaldado por el Gobierno de Francia.
“Desde el SPAW-RAC brindamos asistencia técnica y científica, buscamos financiamiento, apoyamos políticas nacionales y facilitamos el intercambio de buenas prácticas entre los países. Nuestra función es acompañar, articular y conectar capacidades.”
¿Cuáles son los principales desafíos?
“El Caribe es un mosaico de culturas, economías y sistemas políticos. Esto lo hace extraordinariamente rico, pero también complejo. Los retos son múltiples: presiones económicas por el turismo y la urbanización costera, sobreexplotación de recursos, contaminación y los efectos del cambio climático, como el aumento del nivel del mar o el blanqueamiento de los corales. Pero quizás el mayor reto es mantener viva la cooperación regional pese a las diferencias. Si hay algo que nos une, es el mar, y el no conoce fronteras.”

Flora y fauna protegidas: guardianes de un equilibrio sagrado
¿Qué especies emblemáticas del Caribe protege el protocolo?
El SPAW protege más de 300 especies clasificadas en tres anexos según su nivel de amenaza. Entre ellas figuran todas las tortugas marinas, los cetáceos que migran por el Caribe, el manatí antillano, los arrecifes de coral —como Acropora palmata y A. cervicornis—, los manglares, las praderas marinas y aves como el flamenco caribeño y el pelícano pardo.
“Cada especie cuenta una historia sobre nosotros mismos. El manatí, por ejemplo, ha sido símbolo espiritual para las comunidades originarias, guardián de las aguas. Cuando protegemos una especie, también protegemos las culturas y las memorias que le dan sentido.”
¿Qué tipo de medidas concretas promueve el protocolo?
El Protocolo obliga a los Estados Parte a establecer normativas que impidan la captura, el comercio o la destrucción de hábitats naturales. También impulsa programas de manejo sostenible, restauración y educación ambiental. Uno de sus pilares es el Programa de Pequeñas Subvenciones SPAW, que ha financiado más de 75 proyectos en toda la región: desde monitoreo comunitario de tortugas hasta educación ambiental en escuelas costeras.
“Estas pequeñas subvenciones cambian realidades. Hemos visto comunidades pesqueras que se convierten en guardianas del mar, jóvenes que aprenden a reconocer corales, mujeres que lideran proyectos de reforestación de manglares. Es la conservación con rostro humano.”

Áreas protegidas: una red viva en el corazón del Caribe
¿Cuáles son las áreas más representativas de la red SPAW?
Actualmente, 38 sitios están inscritos en la red SPAW. En Belice, la Reserva Marina Hol Chan; en Cuba, el Parque Nacional Guanahacabibes; en Martinica, el Parque Natural Marino. En Colombia destacan la Reserva de la Biosfera Seaflower, el Parque Nacional Corales del Rosario y San Bernardo, y la Ciénaga Grande de Santa Marta.
“Cada sitio refleja un fragmento del alma del Caribe. Son laboratorios vivos donde la biodiversidad, la ciencia y las comunidades dialogan a diario.”
¿Qué criterios deben cumplir las zonas para ser parte del protocolo?
Las áreas deben demostrar un alto valor ecológico, presencia de especies amenazadas, un marco legal sólido y una gestión efectiva. Además, deben contribuir a la conectividad ecológica regional, esencial para especies migratorias.
¿Cómo se involucran las comunidades locales?
“Sin comunidades no hay conservación. En muchas zonas trabajamos con pescadores, operadores turísticos, asociaciones de mujeres y jóvenes para construir reglas de uso sostenible. No se trata solo de prohibir, sino de acordar cómo convivir con la naturaleza.”
La creación de la Red de Gestores de Áreas Protegidas SPAW, establecida en 2023, consolida esta visión participativa. Es una comunidad de intercambio de experiencias y soluciones frente a los retos del cambio climático y la presión humana.
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Avances recientes y cooperación: la ciencia al servicio de la región
¿Qué avances recientes destacaría?
Entre los hitos recientes se encuentran la incorporación de nuevas especies protegidas —como la manta raya gigante y el tiburón ballena—, la creación de la red de gestores y la elaboración de planes de acción para mamíferos marinos, corales y peces loro.
“El SPAW ha logrado algo fundamental: crear comunidad. Hoy tenemos una red activa de científicos, gestores y comunidades que aprenden unos de otros. No hay mejor resultado que ese.” También se avanza en la evaluación del estado de los arrecifes de coral del Gran Caribe, cuyo informe será publicado próximamente, y en un plan regional para mitigar los impactos de los sargazos, fenómeno que afecta gravemente las costas caribeñas.

Futuro y retos: ciencia, ciudadanía y esperanza
¿Cuáles son las principales amenazas actuales para la biodiversidad del Caribe?
“Vivimos un momento crítico. Los arrecifes, las praderas marinas y los manglares —nuestros pulmones costeros— están bajo presión. El cambio climático, la contaminación por plásticos, la erosión y las especies invasoras se suman a la sobreexplotación pesquera. La pérdida de hábitats es hoy la mayor amenaza.”

¿Cómo se adapta el SPAW a estos desafíos?
El protocolo se actualiza continuamente a través de sus grupos de trabajo y planes bienales. Integra los compromisos globales del Marco de Biodiversidad de Kunming-Montreal y promueve herramientas innovadoras como la planificación espacial marina y la restauración ecológica.
¿Qué papel juegan la ciencia ciudadana y las nuevas tecnologías?
“La ciencia ya no está solo en los laboratorios. Hoy cada ciudadano puede ser parte del cambio. Con un teléfono móvil, un buceador puede reportar una tortuga, un coral enfermo o una mancha de contaminación. Los datos locales son poderosos: complementan la ciencia académica y refuerzan la gestión ambiental.”
Drones, sensores submarinos, imágenes satelitales e inteligencia artificial amplían la capacidad de monitoreo ecológico. “Las nuevas tecnologías son aliadas para entender y anticipar los cambios, pero la verdadera innovación es la cooperación.”
Un llamado a la acción colectiva
Finalmente, ¿qué mensaje enviaría a los países y comunidades del Gran Caribe?
“El Protocolo SPAW es más que un instrumento jurídico: es una promesa de solidaridad. Proteger el mar Caribe es proteger nuestro futuro común. Cada país, cada comunidad y cada persona puede ser parte de esta red de vida. Después de 25 años trabajando juntos, el llamado es claro: fortalecer alianzas, ampliar la red de áreas protegidas, ratificar el protocolo en los países que aún no lo han hecho y mantener vivo este compromiso con el mar que nos une.”
Géraldine Conruyt pertenece a esa nueva generación de lideresas ambientales que unen ciencia y sensibilidad, razón y empatía. Su trabajo al frente del SPAW-RAC demuestra que la conservación no es solo técnica: es un acto de cooperación, justicia y esperanza. “El mar Caribe no nos separa —nos conecta—. Y protegerlo es, en el fondo, protegernos los unos a los otros.”
Foto: SPAW – El Medio Comunica





