Arrestos y protestas paralizan las audiencias de Marco Rubio en el Congreso de EE. UU.

Lo que empezó como un debate legislativo sobre seguridad hemisférica se ha convertido en una crisis de orden público dentro del Capitolio de Washington. Las comparecencias del secretario de Estado, Marco Rubio, ante el Congreso estadounidense continúan siendo interrumpidas por coaliciones de manifestantes que han forzado la suspensión de sesiones clave y provocado múltiples arrestos por parte de la Policía del Capitolio.
Las primeras protestas respondían a tensiones diplomáticas en América Latina, pero las más recientes —ocurridas en lo que va de junio— han incorporado un fuerte componente de denuncia social. Activistas de organizaciones como Health GAP y Housing Works irrumpieron en sesiones del Comité de Relaciones Exteriores para oponerse a los recortes que la administración Trump pretende imponer al PEPFAR, el programa histórico de lucha contra el VIH/SIDA, y a la restructuración de la USAID.
Como respuesta, las directivas del Congreso endurecieron las reglas de acceso a sus recintos: además del procesamiento penal, los comités impondrán un veto obligatorio de un año para ingresar al Capitolio a cualquier persona que altere sesiones de alto perfil.
Rubio descarta una intervención militar en Venezuela, pero deja abierta la puerta con Irán
Una vez restablecido el orden, Rubio mantuvo una postura firme sobre la reconfiguración geopolítica del continente. El secretario describió el hemisferio occidental como un entorno mayoritariamente «lleno de aliados», aunque reconoció la existencia de focos de tensión diplomática y el avance de redes criminales transnacionales.
La presión de grupos como Code Pink y el cuestionamiento directo de varios legisladores obligaron a Rubio a fijar posición sobre Venezuela: ante el Congreso, aseguró formalmente que Estados Unidos no tiene intenciones de emprender acciones militares en ese país. Sin embargo, la tensión no cedió del todo: el secretario evitó descartar por completo la posibilidad de operaciones preventivas contra actores externos como Irán, si se detectan amenazas inminentes contra la seguridad nacional o la de socios regionales.
Tres frentes en disputa
Con las salas fuertemente custodiadas y un clima de polarización civil en aumento, el Congreso enfrenta un cuello de botella para avanzar en tres prioridades de política exterior. El primero es el financiamiento de la salud global, donde la batalla por la supervivencia del PEPFAR concentra buena parte de la presión ciudadana. El segundo es la contención criminal transnacional, con el diseño de nuevas estrategias de inteligencia para combatir redes delictivas en países aliados del continente. El tercero es el monitoreo de Irán y el Medio Oriente, frenado por protestas antimilitar que exigen el cese del apoyo en zonas de conflicto y alertan sobre una posible escalada con Teherán.
El Capitolio afronta así un reto que va más allá de la diplomacia: garantizar que sus legisladores puedan debatir la estrategia internacional del país sin que los salones se conviertan, semana tras semana, en escenas de desalojo y detención.
Crédito: Los Angeles Times / Getty Images.





