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Ciencia y tecnología

Físicos suecos logran que un superconductor funcione en condiciones que antes lo destruían

El Medio
  • junio 17, 2026
  • 3 min de lectura
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Físicos suecos logran que un superconductor funcione en condiciones que antes lo destruían

Un equipo de investigadores de la Universidad Tecnológica de Chalmers, en Göteborg, Suecia, anunció un avance que podría redefinir el futuro de la electrónica: lograron que un material superconductor mantenga sus propiedades en condiciones de temperatura y campo magnético que hasta ahora las anulaban por completo. El hallazgo, considerado uno de los hitos tecnológicos del año, abre la puerta a una nueva generación de dispositivos que consumen una fracción de la energía actual.

Para entender la magnitud del logro hay que partir de una pregunta básica: ¿qué es la superconductividad? Es la capacidad de ciertos materiales para conducir electricidad con cero resistencia, es decir, sin perder energía en forma de calor. El problema es que este estado casi mágico tiene dos grandes enemigos: las temperaturas relativamente altas y los campos magnéticos intensos, cualquiera de los dos basta para «apagar» el fenómeno. Superar esa barrera ha sido uno de los grandes desafíos de la física aplicada durante décadas.

El truco: esculpir relieves invisibles al ojo humano

Lo que hace notable la solución de Chalmers es que los investigadores no alteraron la composición química del material superconductor —un compuesto conocido como YBCO— sino la superficie sobre la que este descansa. Usando técnicas de nanofabricación de última generación, esculpieron un patrón microscópico de «colinas y valles» en una base de óxido de magnesio. El relieve es tan pequeño que mide menos de la millonésima parte del grosor de un cabello humano.

Al depositar el superconductor sobre esa superficie, los átomos se ordenaron siguiendo la estructura del relieve, creando lo que los físicos describen como un «paisaje electrónico» que estabiliza el material. El resultado es doble: el compuesto mantiene la superconductividad a temperaturas considerablemente más altas de lo habitual y tolera campos magnéticos de gran intensidad sin perder su capacidad de flujo eléctrico perfecto.

Por qué esto importa más allá del laboratorio

Las implicaciones prácticas son enormes. Hoy, las redes de información, los centros de datos de internet y los dispositivos inteligentes consumen entre el 6% y el 12% de la electricidad mundial, y una parte significativa de esa energía se disipa simplemente en calor. «Si logramos llevar los superconductores de los laboratorios criogénicos a los componentes cotidianos, podríamos diseñar computadoras que no se calientan, baterías sin degradación y redes eléctricas radicalmente más eficientes», señalaron los investigadores.

El descubrimiento tiene aplicaciones inmediatas en tres frentes: el desarrollo de electrónica de bajo consumo, el diseño de sistemas de energía ultralimpios y la fabricación de componentes clave para potenciar las computadoras cuánticas, cuyo rendimiento depende en gran medida de mantener materiales superconductores estables bajo condiciones controladas.

La pregunta que queda abierta —y que los propios científicos reconocen como el siguiente gran reto— es si este método de nanofabricación puede escalarse a procesos de producción industrial. De lograrlo, lo que hoy es un experimento de laboratorio en Suecia podría estar, en pocos años, en el interior de cada dispositivo conectado a la red.

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