Con el liderazgo de Naciones Unidas se presentó a mediados de mayo en Bogotá la Iniciativa Interreligiosa para los bosques tropicales, que desarrolla el plan propuesto desde noviembre de 2018, cuando nos reunimos en Bogotá líderes espirituales y religiosos  de diversas comunidades de fe miembros del Consejo Interreligioso de Colombia, y líderes de pueblos indígenas, comunidades negras y habitantes de los bosques tropicales, para afrontar unidos la sagrada tarea de detener la deforestación de los bosques tropicales que está generando el cambio climático. Esta preocupación nos une en un compromiso que trascienden las fronteras de nuestras religiones y espiritualidades.

Consideramos, que uno de los temas más urgentes en nuestro país es la protección de los bosques tropicales y de todos quienes han nacido y crecido en ellos y continúan formando parte de su equilibrio ecosistémico. Para las diversas religiones y espiritualidades que nos hemos reunido en favor de esta causa común, el cuidado de la creación, de su flora, su fauna, sus riquezas naturales, se ha convertido en una misión y un destino compartido. Esta tarea profética que estamos presentando hoy, hace parte de un esfuerzo global que se desarrolla con el apoyo de ONU Medio Ambiente y la cooperación internacional del gobierno de Noruega.

La encíclica Laudato si’ del papa Francisco que ha sacudido a todo el mundo, incluyendo a personas de todas las creencias, es un mensaje que nos exige adoptar una mayor conciencia sobre la protección del ambiente y que nos convoca a la acción en respuesta al cambio climático. La raíz humana de la crisis ecológica está destruyendo la naturaleza y generando contaminación, desnutrición, enfermedades, desiertos y muertes. Hasta hace pocos años pensábamos que el ser humano estaba llamado a dominar la naturaleza, interpretando equivocadamente los mensajes de la creación. En cambio, hoy entendemos que la voz de lo sagrado nos convoca a cuidar la naturaleza y preservarla para el goce de las generaciones futuras. 

Nuestra misión de enseñanza de las palabras sagradas incluye también la denuncia de todo aquello que afecta el sano metabolismo entre la naturaleza y la sociedad y que se expresa, por ejemplo, en una acelerada e irracional extracción de las riquezas naturales de los territorios, convertidas en commodities (materias primas) que hacen parte del juego especulativo de los mercados financieros del mundo. 

Colombia es hoy uno de los países más desiguales del planeta, donde acudir a la violencia para resolver los conflictos ha sido parte central de nuestra historia. Somos herencia de una colonización en la que no prevalecieron las voces compasivas de las religiones. Por ello, nuestras confesiones están pidiendo perdón a las generaciones actuales de los pueblos originarios y esclavizados, al que acompañamos del compromiso de no repetición y de una acción reparadora que proteja la vida humana y la naturaleza con sus bosques tropicales.

La maldición de El Dorado, del oro con el cual soñaban los colonizadores, hoy se extiende a los recursos mineros y energéticos. En el 2017, la deforestación de nuestros bosques fue de 219.000 has. y se anuncian cifras mayores para este año. Prácticamente se han acabado con los bosques secos que se convierten en desiertos, y los bosques húmedos siguen el mismo apocalíptico camino. Todo esto agudiza el cambio climático, generando afectaciones a toda la red hídrica y a los proyectos agro-productivos familiares y comunitarios, con una creciente desnutrición infantil.

Necesitamos incorporar la dimensión moral, ética y espiritual a la defensa de los bosques tropicales, convocando al conjunto de la sociedad, y particularmente a los miembros de nuestras religiones y espiritualidades. Así como estamos respaldando la reconciliación del pueblo colombiano para la construcción de un país que debe superar la violencia, también necesitamos impulsar una reconciliación colectiva con la naturaleza, con sus ríos y sus bosques tropicales , que en sendos fallos de la Corte Constitucional y de la Corte Suprema de Justicia de nuestro país, han sido declarados sujetos de derechos.

Esta declaración es una expresión concreta de nuestra voluntad de trabajar juntos, partiendo del reconocimiento de las diversas espiritualidades, de la ley de origen y de los mandatos ancestrales, y también de nuestros distintos saberes científicos y académicos. Aspiramos a fortalecer nuestra comprensión de las culturas ancestrales que en Colombia han sido parte y garante de la existencia de los bosques tropicales, incluyendo en ello a quienes los habitan desde la época de la colonización esclavizadora, y a los que han llegado a sobrevivir en sus tierras como consecuencia del desplazamiento forzado generado por el conflicto armado. Basados en nuestras espiritualidades y la ética, asumimos que la naturaleza y específicamente los bosques tropicales, son sagrados y no una mercancía.

La Iniciativa Interreligiosa para los Bosques Tropicales en Colombia será la expresión concreta de nuestra mancomunidad, acompañada del entendimiento de que ya existen múltiples proyectos, instituciones y actividades que están realizando importantes avances en ese objetivo, con los cuales generaremos lazos fraternos de colaboración.